La convivencia escolar es una tarea necesaria, posible y compleja, que requiere la consideración de distintos factores y aspectos que inciden en el desarrollo de las acciones necesarias que permitan alcanzar el propósito buscado. La implementación del sistema de convivencia en las escuelas no es fácil ni sencillo y por eso queda postergado, suspendido, olvidado o abandonado. No es con concepto nuevo; lo que ha variado son las relaciones entre los actores institucionales: todos son considerados sujetos de derecho y responsabilidad, tanto los niños, adolescentes y jóvenes –los alumnos- como los adultos –los docentes- Merece aclararse que por funciones organizacionales que le compete a cada grupo, la mayor responsabilidad siempre recae en los adultos. Es por esto que es un intento de equilibrio entre lo individual y lo colectivo, entre el deseo y la ley.
En el centro educativo se conjuga la convivencia de diversos grupos de personas que mantienen entre sí distintos sistemas de relaciones internas
-intragrupo- y que a su vez, deben desplegar relaciones intergrupo. Estos son espacios privilegiados para que los niños y niñas aprendan a convivir, desarrollen las capacidades necesarias para convertirse en ciudadanos y ciudadanas responsables y asuman los valores que sostienen la vida democrática para ponerlos en práctica a lo largo de su vida. Aunque afortunadamente aisladas, en la escuela actual podemos encontrar algunas situaciones de violencia entre menores y actos de indisciplina. El acoso entre escolares es un problema que preocupa a las familias, a quienes forman parte del sistema educativo y a la sociedad.
La necesidad de educar en la convivencia es cada vez más urgente, por ello las administraciones educativas tienen el deber y la responsabilidad de favorecer esta educación en la convivencia así como de proponer y desarrollar, por todos los medios a su alcance.
Construir la convivencia exige, primordialmente la voluntad de comunicarse; la predisposición para otorgar y solicitar participación y la creación de espacios para lograrlo.
El plano de la convivencia:
Si queremos comprender cómo funciona un centro educativo, en el plano humano, hay que describir y comprender cómo se configuran los procesos de comunicación, de sentimientos, actitudes y valores, pero también de roles, estatus y poder, dentro de cada uno de los microsistemas de relaciones interpersonales que existen en él. Por ejemplo, no es lo mismo una comunidad compuesta por un equipo docente de formación semejante, con un equilibrio de los roles que cada uno desempeña, con un estilo de comunicación equilibradamente objetivado, con procedimientos formales de resolución de conflictos, etc., que una comunidad escolar cuyos profesores no tengan conciencia de ser un equipo, no dispongan de un aceptable nivel de comprensión sobre los roles y funciones que desempeñan los distintos subgrupos y personas, cuyos vehículos de comunicación y poder no sean bien conocidos y aceptados por las personas, y no se disponga de espacio, tiempo y procedimientos para resolver conflictos.
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